lunes, 9 de noviembre de 2015

Abriendo ventanas


Dejar de correr fue difícil. Me había enganchado a la adictiva sensación de retarme y cruzar la meta exhausta. Ya había pasado por una situación parecida, así que, como en aquella ocasión, busqué otro reto. Y entonces empecé a entrenar con la tabla, empecé a surfear. Me gusta que cuando se cierren puertas sea capaz de abrir ventanas y lanzarme. Y me lancé, me lancé al agua para que fuera mi salvavidas…
Y hoy, he cruzado la línea de meta. He surfeado en el muellito, he dejado más lejos la seguridad de la arena, he remado hasta sudar dentro del agua, he convertido el cansancio en fuerza, en éxtasis cada vez que descendía. Porque hoy no me he deslizado hasta llegar a la orilla, hoy he bajado las olas, para volver a subirlas ligeramente, girar y volver a bajar. Dejar que me impulsen desde dentro. No estaba en su cresta, estaba en su corazón. Justamente en el corazón de la ola, circulando por ella. Cuando veo las olas, siempre pienso en acariciarlas, confiar. Hoy he podido cumplir ese deseo. Hoy he girado de canto hasta acariciarla el agua mientras me deslizaba lateralmente. Y dios… creo que jamás podré olvidar esa caricia. Que pasará a formar parte de esas caricias que guardo dentro de mi despistada memoria, para recordar que puedo sentirme viva. Entre esos cuerpos especiales que un día me hicieron temblar, se ha colado esta ola que hoy me ha hecho volar. Que me ha salvado.
Y creer, creer con fuerza en mí, y en el sentido de la vida. Soy adicta a los retos. Y empiezo a disfrutar de mi capacidad que tiene mi cerebro para aceptar la decisión de dejar algo que me gusta mucho, que me enloquece, pero que implica efectos secundarios; y su forma de premiar al corazón, a la parte emocional, con un chute de locura sana. Quedan muchas más metas que cruzar surfeando.

Ser constructora de alternativas es ser totalmente libre. No hay muros que puedan frenar mi capacidad de andar. Y aunque duelan las caídas, merecen la pena por la sensación de levantarnos. Aunque cueste remar y se nos acalambren los brazos, merece la pena por la sensación de deslizarnos en una ola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario