jueves, 15 de octubre de 2015


La jornada de surf de hoy ha sido inmejorable. No puedo recordar ni un sólo instante en que estuviera pensando, ni siquiera en los movimientos ni en las olas; todo salía automático, todo fluía y en cada ejercicio me sincronizaba más con el mar. He caminado sobre la tabla, hacia delante y hacia atrás como si fuera un longboard, he girado, he combinado trucos, he realizado varios stand ups en la misma ola... Pero sobre todo, hoy he disfrutado al máximo, he sentido lo que es acelerar la tabla y no solo dejarte llevar, he tomado las riendas. Y no pienso soltarlas, ni sobre la tabla, ni sobre mi vida. Abalanzarnos, coger impulso atrás y cambiar el rumbo, mantenerlo disfrutando cada momento, acelerar con paso firme...conseguir lo que nos propongamos. Eso es vivir, eso es surfear.
Gracias Neptuno, por una sesión de surf increible.

Pd: el sol de canarias aún quema!

lunes, 12 de octubre de 2015

El poder de la sonrisa...

Hoy he tenido sesión doble de surf, con dos monitores diferentes y aunque ambos son grandes profesionales, la maravillosa experiencia de esta tarde me ha hecho replantearme cosas como profesora. En la primera sesión se me "atragantó" la postura. Recordé todas las veces que corrijo a mis alumnos y les digo que doblen las rodillas. Me sorprende lo dificil que es que se den cuenta que no las llevan dobladas, no lo entiendo...hasta que hoy era a mi a quien corregían una y otra vez eso mismo. Stand up, espuma, desplazamiento largo, peeero...mala postura. Una y otra vez el mismo fallo, una y otra vez el mismo comentario.
En la sesión de la tarde, las cosas cambiaron. Primera hora, stand up, buen desplazamiento... y a pesar de cometer fallo postural, el monitor refuerza el equilibrio, la postura de los pies, me felicita y tan solo comenta como mejorarlo aún más. Y entonces, la postura empieza poco a poco a mejorar. Los aciertos se refuerza y los fallos van poco a poco desapareciendo. No hacen falta palabras, una sonrisa también puede ser un buen refuerzo. Paso al siguiente nivel y me anima a girar. Giro, pruebo, fallo, giro, van saliendo cosas, giro, giro, giro...y va felicitándome por los deslizamientos, que sin ser perfectos, van mejorando a buen ritmo. Me sorprendo girando con el canto, disfrutando y manteniendo el equilibrio relajada sobre la tabla.
En mis próximas clases de patinaje intentaré remarcar una y otra vez el mismo fallo y me concentraré en reforzar y resaltar las veces en que las posturas de mis alumnos mejoran. Empezaré a fijarme más en los aciertos y menos en los errores.

Y sobre todo, les sonreiré.

jueves, 8 de octubre de 2015

Surfear en un mar bravo no tiene nada que ver con surfear en uno tranquilo. Es como si se tratara de dos deportes diferentes. Con calma, te relajas sentada sobre la tabla, disfrutar del momento, esperas con paciencia que llegue alguna ola, la ves venir, la esperas, te tumbas y remas, remas con mucha fuerza hasta que consigues que te impulse y ya, solo te queda mirar al frente y deslizarte sobre el agua.
Sin embargo, cuando el mar se pone bravo, con bandera roja, con corrientes hacia todos los lados, la cosa cambia. Tienes que luchar, aceptar que él es quien manda. Hoy comencé con valentía, enfrentándome a las olas sin miedo; pero tras fallar muchas, tras darme golpes y agotarme por entrar y terminar arrastrada al otro lado de la playa, mi cabeza empezó a quejarse, "que mar más malo", "asi es imposible", "no hay quien disfrute"... hasta que me dí cuenta de que estaba perdiendo el sentido del surf, no estaba disfrutando. Respire, observé las olas y volví a entrar. Luche contra las que no eran buenas, deje pasar las que llenaban la arena y cogía las segundas, para pillar la marea llena y poder amortiguar el golpe... y al final, me deslizaba. No puedo controlar el mar, no puedo pretender que siempre este a mi merced, he de aprender a disfrutar de las olas buenas y las malas. El truco es siempre el mismo: no rendirse y sonreir. 

El surf es como dos deportes diferentes, y como la vida. A veces tienes que ser paciente y esperar...otras luchar sin descanso, permaneciendo atenta para saber que olas eres capaz de cabalgar hasta el final asegurándote un colchón para la caída. Arriesgar y luchar, pero con cabeza.